No son pocos los que, ya sea debido a la jovialidad que se gasta con más de 60 veranos, quizás a la en su día capacidad para sortear la parca alimentándose de leche y cocaína a toneladas, o simplemente por su genio creativo, se han planteado si en verdad Bowie procede de otro planeta (life on Mars to the man who fell to earth?). Uno que aquí escribe hace tiempo desechó esa teoría, sobre todo tras asistir a prácticas por parte del susodicho tan mundanas como el permitir el uso de tu obra -ya se imaginarán a cambio de qué- en la publicidad televisiva (ahí está el Life on Mars entre basura y basura rosa o, hace no mucho, el "Changes"). Con todo, vía The Smoking Gum (esa página de mugshots policiales que acaba de desvelar esa foto inédita del cantante detenido) he vuelto a plantearme la procedencia alien del Duque Blanco, porque, ¿Acaso algún terrícola puede posar con tanto empaque, entereza y fotogenia... en una comisaría?
Categoría: drogaina
Bien sabe el Dios Baco que lo he intentado, pero ni siquiera a día de hoy he logrado comulgar con la cultura (que no el uso) asociada a licores y otros alcoholes. Que sí la vinicultura, los gratificantes bouquets, y los sabores afrutados...todo una mierda! Salvo en contadas ocasiones, beber me supone el sacrificio que hay que hacer para pillar "el puntillo", sobre todo en cuanto a bebidas de alta graduación tipo whisky, ron, vodka y demás...Vale que algunas bebidas alcohólicas saben mejor que otras, lo que no quita que todas ellas supongan actos de terrorismo al paladar, y, más bien, va a ser que parte del placer de beber reside en un efecto pavloviano de asociación, de recrearse en la promesa inherente que produce el sabor de vinacho. Así pues, si ustedes son también de los que creen que el beber es el mal necesario para alcanzar la "alegría", sepan que los dificultosos prolegómenos y otros muchos problemas asociados al uso de sustancias psicoactivas se vislumbran ya parte del pasado. Según los responsables del libro Heroin Century en el inminente futuro el mundo de la "droja de diseño" no diferirá demasiado de los vaticinios dickianos y Cyberpunk, de las cápsulas inyectables de Nuke de Robocop 2 o, la "Claridad" que en su hogareño "descanso del guerrero" inhalaba el Tom Cruise de Minority Report. Pero además, de aquí a 10 años se vaticina que los artilugios que les expongo a continuación afectarán irrevocablemente al "consumo":

Parches impregnados: Se trata de parches adhesivos que generan una pequeña corriente eléctrica que hace que la droga pase del parche a la piel. De hecho, ya se usan parches de Fentanil para tratar el dolor. Ideal pues para los largos intermedios publicitarios televisivos o, para la homeriana visita dominical a la Casa de Dios.
Aerosol: en este caso se trataría de un dosificadores de insulina en forma de aerosol combinados con un agente químico que mejora la permeabilidad de la membrana nasal, lo que lo hace factible para usarlo combinado con esas drogas que se meten por la nariz.
Aguja inteligente. Desarrollada por Periphal System Group en Houston, esta aguja emplea ondas sonoras para guiarse hacia su objetivo. Se basa en el efecto Doppler para detectar cambios en la frecuencia sonora producidos por el flujo de la sangre en la vena. El operador mueve la aguja por la piel y el zumbido se hace más fuerte al acercarse a una vena utilizable. No negarán que la cosa pinta juguetona...si hasta dan ganas de hacerse yonki a la de ya.
Powderject: se trata de un artilugio que permite administrar medicamentos en polvo a través de la piel sin dejar ninguna marca de inyección. En vez de la tradicional aguja su extremo es sustituido por una boquilla que contiene una cápsula de helio comprimido. Se inserte un cartucho con los polvos de la droga y al apretar el gatillo, el gas se libera arrastrando los polvos consigo a una velocidad entre 600 y 900 metros por segundo, velocidad esta que hace indolora la aplicación...Ideal para hacer amigos, hacer que tu perro deje de ladrar, o reinventar de manera hedonista el juego de la Ruleta Rusa.
Y por último mi favorito:
Implantes de activación por el paciente: En teoría el usuario podría insertarse bajo la piel uno de estos implantes una vez al mes. Contaría con un dispositivo de ultrasonidos parecido a un reloj de pulsera: cuando quisiera una dosis tan solo tendría que pulsar el botón y así, disfrutaría de una intoxicación periódica sin los inconvenientes de tener que tratar con camellos y sí en cambio, la posibilidad de -una vez pulsado el botón- hacerlo con los familiares de tu pareja, testigos de Jehová, o policías municipales (y de los otros).
Mucho antes de rematar de nuevo a King Kong, de enseñarnos lo bonito de las íntimas relaciones entre 2 hobbits teenagers, e incluso antes de aquella ensoñación gótico-flou de un dúo de jóvenes liberadas en las Antípodas de los años 50, Peter Jackson nos mostraba lo que se podía llegar a hacer con unas simples marionetas:
Contagiado por la acelerada improvisación de los rapsodas beat, y supongo que por el cinema verité de la factoria de Warholl que entonces empezaba a despuntar, Conrad Rooks dirigió y protagonizó Chappaqua justo 40 años atrás, mostrando de manera onírico-autobiográfica, su pasado de toxicidad. Entre los atractivos que cuenta el film tenemos a Ginsberg, Willian Burroughs como enigmático pistolero al que acompaña el pequeñuelo Herve Villechaize, Ravi Shankar (entonces amo del shitar) y, por último, este delirante extracto en el que toca el grupo The Fugs, trio que en la estela del Captain Beefhearth suenan desgarrados cual sí a Tom Waits le acabase de morir su mascota.

No nos andemos con rodeos: somos unos cotillas y nos pirra saber con detalle qué se meten los famosos. No hay más que encender la tele a la tarde para ver que si no están hablando de los 5 gramos de la Zaldivar lo hacen de las rayas de la Moss, y si no, son los mismos famosos los que se encargan de mostrarse dándose el gustazo, como es el caso de George Michael y el porro que se encendió en una entrevista. Es así que, dejándome llevar por la curiosidad hacia las aficiones químicas de la "gente de la tele", he decidido llevar mi propia "investigación de campo", y hacerlo sobre el médico más trendy de la tele, nada menos que Gregory House. Si se preguntaban de que van exactamente las pirulas de Vicodin que se mete les diré que es la Hydrocodona el principal componente, un semi-sintético opioide derivado de la codeína y la tebaina, alcaloides que junto con la morfina se extraen del látex de la adormidera (uno que buscaba fotos para ilustrar este post se encontró con el que podría ser el LP favorito del doctor). Ahora bien, si tan listo es House, me pregunto por qué no se decide por algún otro opiáceo natural no-sintético (como es la morfina) que igualmente podría conseguir en el hospital. Será que House no es tan natural como nos quiere hacer creer? Misterios de la Medicina. Les emplazo pues a la próxima clase de Química...a saber cuando.

Eso eso, y sospechen del que te prepara el carajillo todas las mañanas, de los maitres de “amable” sonrisa, de esa camarera de la Disco que piensas que te tira los tejos…Uno ha de estar más tranquilo en una tasca “de mala muerte”, donde el Moe de turno tenga -además de dudosos huevos en salmuera- aire de timador; y que, a poder ser, te pida 9 euros por cubata: solo entonces podrás beber (y respirar) tranquilo. No es un chiste del TMEO, no; la noticia de arriba salía en el diario Qué esta mañana, en la sección de interés general. No sé si es fruto de la cacareada Paranoia post 9/11…o es que quizás, solo estamos ante un síntoma más del Apocalipse hacia el que nos aventuramos…Mmmm, habría que pensar seriamente en implantar el Botellón, no?


