Años 80
Aunque el celuloide de los yuppies 80 fue copado por ese polvillo blanco y cristalino procedente de Sudamerica via Miami, el opiáceo tuvo su sitio en películas como la crepuscular "La ansiedad de Veronica Voss" de Fassbinder; meses despues de su estreno su director sucumbiría a una dosis de pastillunis. A Veronica Voss le sustituiría en mala vida la compatriota Christian F un año después. Con un Bowie cantando “…thougt nothing we´ll keep us together, we can beat them just for one day…” en la canción “Heroes”, el film nos sumerge en las catacumbas de un Berlin plagado de unos yonkies que aun no se han librado de las espinillas. No es de extrañar pues, que a Christiane le mangoneen sus mayores. Me refiero claro está, a aquel individuo que en un retrete del Metro le birla la dosis (preparada y a punto) para luego, en un memorable plano, inyectarse el contenido en la yugular. Por otro lado, Gus Van Sant nos regaló en esta década uno de los mejores films en lo que se refiere a mostrar la verdadera vida de un adicto. "Drugstore Cowboy", clásico entre los clásicos, película de los 80 que trata de los 70 y que parece de los 90, y que fue de las primeras en mostrarnos un pinchazo “comodiosmanda”; tal vez se deba a que el director contó para su asesor artístico con un drogólogo de pro como es el escritor Willian Burroughs quien por cierto, perpetra un memorable cameo haciendo de entrañable yonkie octogenario.
Desde que el “burro” hiciera aparición en los poblados arrabaleros de las capitales de nuestra querida Hispania, siempre hubo cineastas que se ocuparon de cualquier tema maldito que asomara por su superficie. Piensen sino que fue en la piel de toro donde nació ese nuevo género llamado Cine Quinqui. Esta suerte de capertovetónica exploiter de nuestros patrios delincuentes, trató el “tema” en pelis como "Navajeros", "Colegas" o "Perros callejeros". Con "Arrebato", Ivan Zulueta ya había expuesto unos años antes la adicción desde una óptica intelectual y subjetiva. Parece ser que durante el rodaje de esta película, la droga corrió por venas y orificios nasales de todo el equipo de rodaje entre los que se encontraban -además del mencionado Zulueta- otros entendidos en la materia como la almodovariana Cecilia Roth o el tarambana Eusebio Poncela (en un personaje este que parece un claro antecedente de aquel otro viciosillo que interpretara en "Martin Hache").
Clásico picolabis de nuestro Cine ochentero.
Fue sin embargo Eloy de la Iglesia quien mostró la aguja en todo su esplendor. Con el sugerente título de "El pico" Eloy nos mostró la adicción de la juventud de la piel de toro, luego vendría otra muestra más, el Pico II. Fueron Eloy, junto a de la Loma, quienes llenaron nuestras pantallas de Jarochos , Cornetas, y Toretes. De todos ellos, quien se lleva la palma al más yonkai es el Pirri: con sus trobas de kiote, su aspecto adormilado…y sus Yumas de rayas naranjas que todo aspirante a malote de barrio debía poseer. Y hala, vamos a ir acabando por hoy (que con tanto desfase se me está poniendo la voz de El Pirri).
Da buten, chachi que sí.

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