"Estos son los viajes de la nave espacial Enterprise. Su continua misión: explorar extraños nuevos mundos, buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, viajando temerariamente a donde nadie ha llegado antes...". En el mítico prólogo que abría Star Trek debía estar pensando Leonard Nimoy cuando cayó en uno de los momentos más inclasificables en que puede caer alguien que se desvía de su propio campo artístico. Sucedió cuando el vulcaniano se puso ante el micrófono para entonar la pizpireta "ballad de Bilbo Baggins". La verdad, es que la cosa tenía su gracia: un coqueteo con el pop british de un Bowie pre-Space Oddity, con una mezcla de anuncio de caramelos Chimos. Vamos, que bien se merece un... Notable Alto.

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