Desde que John Boorman nos endiñó en Deliverance su particular “finde" en la montaña, uno, en su (in)consciente, no puede evitar sentir un atisbo de repulsión a la hora de aventurarse a respirar aire por despoblados parajes. Con todo, lo peor para el amante viajero, aun estaba por llegar. Y llegó - vaya si llegó- y lo hizo en una carretera de Texas en el año 1974 después de Cristo (y de Lucifer). Después del de Tobe Hooper, otros "malos viajes" se sucedieron en la pantalla: ya fuera hacia un "idílico" lago (Viernes 13), en lo profundo del bosque (Proyecto de La Bruja Blair), en las cuevas de las Montañas Rocosas (The Descent), o en un pueblo perdido de inusual construcción (House of Wax). Todos ellos venían, al fin y al cabo, a prevenirnos de las contraproducentes consecuencias de abandonar la Gran Ciudad. Pues bien, Servidor se pasó la noche anterior viendo otra peli más en la tradición de guapitos jóvenes incautos e ignorantes del Horror que agazapado tras la Naturaleza se les avecina. Su título: Wolf Creek. Aún adoleciendo de algunos clichés y trampas de género: llaves que no arrancan, armas que se encasquillan, no rematar al malo cuando yace en el suelo (si es que no aprenden!!!!)...la película se deja ver. A destacar la banda sonora (quizás porque evoca a la de La matanza de Texas); la naturalidad con que se nos presenta al trío protagonista (ese primer beso en el paraje volcánico), o ese malrrollista encuentro con la calaña de un Bar de carretera, seguido al fin, del encuentro con...el malo.
Superando la calidad media de las películas que del mismo estilo se estrenan cada año, este segundo trabajo de Greg Mclean logra transmitir el irreversible sentimiento de desolación de ese Wolf Creek, lugar que unas veces evoca el mesmerizante desierto de Gerry de Gus Van Sant aunque, más bien, diría que deudor del Picnic en Hanging Rock de Peter Weir.
SPOILERRR.
Casualmente, en ese selenita paraje la maquinaria y los relojes se detienen. Es entonces cuando viene el tarado del lugar (un paleto australiano en las antípodas, nunca mejor dicho, de Cocodrilo Dundee) ¿Que a qué viene? Pues a sacarle las castañas del fuego a nuestros jóvenes castores; sí, las castañas y luego la ropa a las chicas, y los intestinos y hasta los ojos si hace falta; y todo esto nada más y nada menos que en el entrañable País de los koalas. Que para el caso, tampoco se diferencia mucho de la desértica Texas. Es una lástima que la película no prosiga a la altura de su primer tercio. Llega un momento en que el espectador no sabe si ponerse de parte del cazado (cual en Alta Tensión) o –como suele ser más habitual-, del lado del psicópata. El problema es que este paleto de risa chunga está a años luz de otros honorables psicokillers (donde esté “Evilio” o “Caracuero”...). Luego los jóvenes protagonistas, que si al principio lograban transmitir simpatía, el desenlace se ocupa de embadurnar la adquirida empatía hacia el trío excursionista: por un lado por convertir a una de las hembras en un neurótico e insoportable mar de lágrimas y a lo otra, en la exagerada antítesis de la anterior; y por consiguiente, logrando que el espectador eliga no implicarse en las desdichas de estas muchachas. A todo esto, el machote que las debía defender yace crucificado en un madero durante más de media película sin poder hacer nada, hasta que al final, logra desclavarse y volver a la civilización, sin sus chicas . Momento anterior al The End: una relentizada y patética imagen del chico vestido con traje que parece querer entroncar con aquella otra de Brad Davis al final de “El Expreso de medianoche”. Pero bueno, con todo, el film consigue que las ganas de irse a Australia de vacaciones se te quiten (más sabiendo que la peli está basada en hechos reales). Y es que, uno se llega a preguntar si allí en la Oceanía no quieren turistas fotografiando canguros y, en consecuencia, se ha financiado este proyecto para ponernos sobre aviso. Por si acaso, yo mientras en casita, con el colacao caliente y, si tal, viendo más pelis de Terror (que por ahí afuera se afilan cuchillos!!!). Y esta noche igual me veo la de Hostel, que creo que es otra que tal baila.

Yo la vi hace un par de meses y me hizo comerme las uñas desde el principio hasta el final. Me dejó bastante impresionado, entre otras cosas porque no sabía lo que estaba viendo (nunca había oído hablar de ella) y, aunque los créditos del principio ya te avisan de que "algo" va a pasar, en mi imaginación el argumento podía haber derivado perfectamente hacia cualquier género (menos la comedia). Creo que eso es esencial para que la historia te impacte: no saber casi nada de ella. En el momento en que acudes al cine con expectativas y un esquema mental de lo que va a pasar, supongo que la cosa perderá mucho.
Me gusta el aspecto poco pulido de las imágenes, los diálogos realistas y despreocupados de los personajes (buenos actores) y ese comienzo tan tranquilito que, pese a tenerte con la imaginación funcionado para adivinar lo que va a suceder a continuación, sabe ir recrudeciéndose poco a poco. El encontronazo en el bar de carretera ya es toda una declaración de intenciones. A patir de ahí comenzó el nerviosismo (por no hablar de la escena del remolque, en la que apenas hay diálogos pero consigue ponerte los pelos de punta), que en mi caso no decalló hasta el fundido a negro final, alcanzado picos bastante importantes en algunos momentos.
Como único pero resaltaría el final, un poco precipitado (¿y a que viene lo del eclipse?) y la escena de la videocámara, por redundante (tampoco hacían falta tantas explicaciones) y poco creíble. Por lo demás me encanta. Vale que no es ninguna obra de arte, ni creo que lo pretenda, pero consigue que lo pases mal, algo que cada vez es más difícil en este género. El otro día vi Hostel, con tanto bombo como se le dio, y estuve tentado a contabilizar los bostezos para pasar el rato.
Se me olvidó mencionar una cosa: el final me pareció precipitado la segunda vez que la vi. La primera, al contrario, fue como una bendición del cielo. Lo estaba pasando tan mal que lo único que quería era que terminase la peliculita.
Cierto, me había olvidado del momento absurdo de la videocámara: cuando la tia se pone a ver con toda la tranquilidad del mundo el contendido de los videos y mientras, su amiga, esperándola allá afuera en la nocturna intemperie, ovarios en exceso diría yo.
Pues se me han abierto más las ganas de ver Hostel, a ver si es tan aburrida cómo dices.