Como siempre que acabo de ver una película acudo a las críticas de las revistas que compro para contrastar mis conclusiones con las de los críticos de turno. Tras ver Capote, pillé de Fotogramas y, con regocijo, comprobé que la película referida suscitaba la polémica del mes ( de Marzo). Así, por un lado, la opinión de Esteve Riambau ( 2 estrellas), y por el otro, la de Sergi Sanchez (4 estrellas). En mi opinión Riambau se quedó en la mera superficie de la película al considerar Capote “un bio-pic con más de lo mismo”. Tal como afirmaba Sergi Sanchez, la película viene a ser un tratado sobre la responsabilidad y los límites que no ha de cruzar un artista para realizar su Obra, por tanto y tal como concluía, Capote era todo menos una hagiografia. Se quejaba Riambau de haberse desaprovechado una trama que, según él, podría haber dado pie a un juego de espejos entre la realidad y la Ficción...tal vez porque no percibió que, en realidad, la película trata de eso mismo: de no exceder los límites de la Ficción para sacrificar la Realidad, o dicho de otro modo, sobre la intrusión de la Realidad en los juegos de Ficción. Una historia bien antigua esta del sacrificio en pos del Arte: acuérdense de Las Zapatillas Rojas, donde Powell/Pressburger hacían toda una declaración de intenciones al afirmar "La finalidad es el Arte". Es de la fragilidad de esa misma afirmación de lo que Capote trata, de las dudas que al creador le invaden a la hora de utilizar a sus semejantes en pos de su obra; y, en el caso de la vida de Capote qué mejor que la etapa de "In cold blood" en que, llegó a desear la condena de los acusados (y a la vez protagonistas de su libro) para así acabar su obra. En cierto sentido el personaje de Phillip Seymour Hoffman (aka Capote), me recordó al Paul Giamatti en el Storytelling de Solondz, el cual se servía de un pobre chaval para un documental que prometía ser un retrato social y en verdad, consistía en todo un motivo de mofa para con los habitantes de los suburbios. Ahora bien, mientras el personaje de Giamatti carecía de tacto moral y lo único que quería era sacar beneficio económico, al escritor de A Sangre fría le acosaban los remordimientos al utilizar a 2 homicidas y, a la hora de hacer la obra cumbre que daría un vuelco a la Literatura Universal. Una ligera diferencia de tacto, ¿no les parece? Y nada más. Solo espero que -y en el caso de que alguna vez lleguen a leerlo- ni Esteve Riambau ni Sergi Sanchez sientan que he hecho mal uso de sus nombres en esta humilde creación.

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