Al rarito de Wes Anderson (The Tennembauns, Life acuatic..) le ha salido, con su habitual guionista Noah Baumbach, un alumno más que aventajado. Esa es la conclusión a uno llega tras ver The Squid and the whale, una película que por otro lado produce el mismo Anderson. Qué peliculón, señores, hacía tiempo que no me entraban ganas de aplaudir, ahí, en la soledad de mi habitación, cosa que no llegué a hacer solamente por temor a sentirme aún más idiota. El caso es que uno se pregunta si la Academia ya decidió llenar su cuota de deferencia para con el Cine de extraradio en el 2005 con Entre Copas. Y es que la ganadora de Sundance de este año, les juro que aun me ha gustado más que la anterior, lo cual ya es decir. Hablan de esta película como la gran obra sobre el divorcio. Yo iría aun más allá. Esta es la gran obra sobre la Familia (todas sufren al menos de un divorcio mental), y si me apuran incluso sobre la Vida. Aquí los padres son -como en los films de Larry Clark- los causantes de que sus hijos acaben hechos unos mostrencos. Pero a diferencia de Clark, Baumbach tiene compasión por ellos, no los culpa sino que los compadece. Con proeza y contención, The Squid and the Whale muestra lo dificultoso de llevar a una Familia adelante cuando el Amor se acaba, o cuando uno está hasta los huevos del otro, o las 2 cosas... y hacerlo sin el exceso de extravagancia del que Anderson llegaba a abusar en sus últimos films, convirtiéndolos por momentos en un sello diferenciador más que en una vía autoral para narrar una historia. Se nota que Noah ha volcado por completo los recuerdos de su niñez, y sin cortarse a la hora de mostrar ciertas intimidas. A veces evoca a Ingmar Bergman, con esa perfecta sobriedad con que nos presenta a un matrimonio de mediana edad (recuerda Secretos de un matrimonio, o mejor dicho Saraband en versión Usa). Leolo es otra peli más con la que Noah entronca, al describir la adolescencia con escatológicos e inconfesos detalles. Qué les voy a contar a ustedes, pajilleros de eyaculación precoz. También ustedes se han probado un preservativo en la soledad de su habitación, solamente para ver que se sentía (o qué no se sentía), y han dejado a una novia porque pensaban que no era lo suficiente guapa, para luego arrepentirse; y también ustedes han presumido de tocar la guitarra, siendo en verdad unos completos paquetes. Pues sí, qué duda cabe de que las Familias son disfuncionales. Un hecho que ya ha quedado constatado con la filmografía del ínclito Solondz, o de la hitchcockniana La sombra de una duda, y de tantas películas más. Pero también, habría que añadir que este film podría elevarse al pedestal de "la gran película sobre los años 80", con su fondo musical (pasense por aquí) heredado de la exquisitez musical de Wes Anderson, en este caso compuesto de exquisitas piezas de Lou Reed o Pink Floyd...de la época de Joe MacEnroe e Ivan Lendel. Y es que con The Squid and the Whale a uno se le queda el Tenis en la cabeza (detalle el de este deporte "muy Wes Anderson"). De ese modo empieza la película, con un partido de tenis familiar, perfecta metáfora por otro lado de las relaciones sentimentales. No son acaso estas el equivalente a un partido de Tenis a mil y un sets? en el que por momentos, le quieres dar a tu contrincante con la pelota en la cara? Acuérdense de los Simpson, con Marge y Hommer deseosos de machacarse ("deportivamente" hablando) mutuamente. Recomendada queda pues esta película. Y si Bigas Luna arengaba a ver su Jamón jamón con una tapa de jabugo al lado, yo les animaría a ver esta con una cinta de tenis en la cabeza, como la que llevaba el personaje de los Tennembauns, y mucho antes, aquel tenista sueco de nombre Björn Borg.