Créanme si les digo que este es el programa más adictivo de la historia de la Televisión. Supervivientes. Pues bien, el Reality que mejor le hace pasar mejor a uno la hora de la Siesta vuelve de nuevo. Y Fíjense en el elenco de figuras: Pipi Estrada, Marlene Morreu, Carmen Hornillos, Nacho Vidal!!!! José Maria Iñigo...y nada más se sabe (cómo si de la nueva de Lynch) por ahora. El caso es que vuelve el gran show, ese gran invento de meter a los famosos en una isla y dejarlos a pan y agua, sin tele, sin cepillo de dientes ni "papel pal culo", para que al final, aparezca el personaje que hay debajo, para constatar así que bajo el glamour existe un individuo tan real, mundano, y patético como cualquier otro (y más). Este es el gran Reality del nuevo siglo, el Coliseum catódico del ciudadano de a pie. Y la arena, el suelo de un rincón del Tercer Mundo en donde los gladiadores son los famosos, que tendrán que luchar contra un animal aun más jodido que los leones de Roma: ni más ni menos que ellos mismos, en estado natural. Los que hayan visto alguna de las anteriores ediciones sabrá de lo que hablo. Si es que, cuando debería estar culturizándose con un buen libro o revisionando las películas de la época del Expresionismo Alemán, uno no puede evitar darse a esta joya del entretenimiento en la pequeña pantalla. Qué se le va a hacer, si pocas sensaciones son tan gratas cómo la de ver la imagen que pretende de sí mismo el famoso (o famosete en este caso) disolviéndose a la velocidad de un terrón de azúcar en un Capuccino. De esa guisa hemos podido ver a la femme fatale Fayna (novieta del Yoyas) imposibilitada para mantener su imagen de mujer dura, rompiendo a llorar a los 3 días de dósis selvática; Al Máximo Valverde (Máximo exponente del galán ibérico trasnochado) que le descubren en la mochila unas pastillas de Viagra; que un tal Miki la tiene pequeña, muy pequeña; que aquel tipo de los animales que jugaba a temerario con caimanes y serpientes en el engendro Marciano era en verdad un miedicacobardica...Grandes recuerdos todos. Y no solamente el de la paisana y fibrosa presentadora extrenando bikini cada día (con aquella presencia Dominatrix a lo "Ilsa de las SS"), sino el ver a Marc Ostarcevic en bañador Speedo echándo por tierra el último día la contención que había logrado mantener en los 90 días; o ver a Mister España cazado robando comida con nocturnidad y alevosia, mientras la Veruska (modelo estilo anoréxica) haciendo lo propio pero mejor, al ganar más kilos que los que ya tenía antes de aterrizar en la Isla...Urrialde (el Rambo de "no sieeennnto las piernass") corriendo de noche por la selva en pleno ataque de locura. Hambre, Traiciones, rostros de la tele sin maquillaje al sol de un País en el culo del Mundo...Gran Programa. Sobre todo por lo bien que le sabe a uno la comida despues de ver las tribus de famosetes apañándose con cocos y camarones crudos. Lo cierto es que, tras 4 ediciones, los famosos ya deberían haber aprendido que la dignidad (o la compostura mediática de la que suelen hacer gala) no vale los eurazos que les dan a cambio. Tal vez por eso en esta edición nos encontremos con personajes que o bien por su trabajo se han acostumbrado a perder la vergüenza (caso de un actor Porno o una stripper); o los que nunca la han tenido (ladradores de telemagazine); otros, como es Don José Maria Iñigo, se acostumbran poco a poco. De ese modo, el presentador del mostacho y en plena fase de entrenamiento ya se ha desprendido del peluquín.