La Coctelera

SINRECETA

5 Mayo 2006

THUMBSUCKER, física, química y tics nerviosos.

Diálogo entre el protagonista y su madre trabajadora en un centro de rehabilitación de drogodependientes:
-No es deprimente? Ver a todas esas personas que lo tenían todo y lo tiraron por la borda?
-No, es inspirador...Anoche un paciente me dijo: Yo nací adicto a la Fantasía.

En un episodio de Los Simpson de la primera época a Bart lo medican con Ritalín, se vuelve un adicto a ese fármaco y con el tiempo, su percepción su trastoca hasta el punto en que descubre la dickiana conspiración de la "indiscreta" Liga de Baseball. Thumsucker, en un principio parece ir por ese camino, con un chaval que tiene la manía de chuparse el dedo, que le diagnostican una tara y a continuación, le recetan un medicamento que todo lo cambia. El anfetamínico fármaco torna su percepción sensorial hasta convertirlo en un temerario y locuaz lider del equipo de debate de su escuela. Así hasta que el uso continuado de esa droga le llevan a proclamar extrañas frases; si están cargadas de verdad o por el contrario no tienen significado alguno, no lo sabemos. Es en ese momento de soledad, sin nadie que le entienda, que decide abandonar las pastillas. Más adelante descubrirá el Cannabis como vehículo lúdico y comunicativo, pero -como el futuro de Conan- eso es otra historia.
Además de poseer un discurso nada hipócrita sobre el uso de sustancias, la película se revela como un film más en la linea de familias disfuncionales que tan bien se le está dando últimamente al Cine hecho en USA. Al igual que aquella Tormenta de Hielo de Ang Lee o Magnolia o The Squid and the Whale (de la que hable aquí), en esta se retrata una familia con un pie en el precipicio, mostrando lo dificultoso de la adolescencia, sobre todo, para desenvolverse en un entorno en el que los mayores han tirado la toalla en lo que a aspirar "a algo" (que no aspirar algo) se refiere.

Lo cierto es que tras haber visto la maravilla de The Squid and the whale, uno puede llegar a ser injustamente prejuicioso con cualquier película que se le parezca. Pero no, Thumbsucker es el magnífico logro, ya no solo en la dirección de actores (Impresionante el protagonista Justin (Lou Taylor Pucci) como adolescente perdido y estupefacto ante lo que le rodea, con esa mirada que hasta casi puedes ver como el mundo penetra por sus ojos; esa actriz en el papel de madre bergmaniana Tilda Switon, que servidor descubrió en The beach de Danny Boyle; Vincent D'onofrio, que siempre recordaré como el soldado patoso de La chaqueta metálica y aquí aparece como padre "con pocas luces". Y cómo no, una nueva lolita Kelly Garner que ya apunta maneras para seguir el camino de las Christina Ricci, Natalie Portman o la Johansson (igual esta última es mucho decir).

Al igual que en The Squid and the whale aquí la veracidad de muchas situaciones parecen estar construidas de recuerdos, de gestos, pero en donde el diálogo cobra más fuerza que en aquel, con sentecias y preguntas retóricas al aire que tienen su culmen en las últimas palabras que proclama ese "icónico mal actor" que es Keanu Reeves (el dentista new-age de Justin). Sin embargo, y por lo que tiene de...llamémosle escatología redentora, me quedo con el diálogo (no puedo evitar plasmarlo aquí) que Justin mantiene con Matt (Benjamin Pratt), un adicto actor televisivo que intenta rehabilitarse en esa especie de Clínica Betty Ford donde la madre de Justin (aka Enfermera Cobb) trabaja. Allí sucede la siguiente escena:

-¿Son amigos?-pregunta Justin, intentando indagar si el actor tiene un lio con la madre a espaldas del padre.

-Mmmm, es más profundo que eso. Hace un mes llegué aquí. Yo trabajo en la tele y el estudio me convenció. Has visto mi programa, "La linea"? Sabes? a veces necesitas cruzarla.
-Lo se.
-Pues el caso es que hice un contrabando: me metí la droga en el culo, pero estaba muy adentro, sabes? Yo no la alcanzaba, entonces cogí una cuchara, me la meti y algo falló. Había sangre por todos lados. Entonces la enfermera Cobb entró en mi cuarto, vió el percal y me metió la mano, sin vaselina, solo mi sangre..y alcanzo la bolsa con droga. Me salvó la vida. Y ese fue el momento en que caí en la realidad: Soy Matt, y soy un adicto...La otra noche ella me dijo "Todos somos adictos a algo, tal vez a una idea de nosotros mismos, o de nuestras vidas. Tal vez alguna idea de éxito o fracaso." Le pregunté "¿Usted también tiene miedo?" y ella contestó "Ser madre de un hijo de 17 años es todo un viaje. Deberías tener todas las respuestas y no tienes ninguna. Hasta la idea de una vez tienes una familia nunca estarás sola de nuevo...". Fuerte eh?...No nos gusta admitirlo pero somos...animales asustados...Bueno, fue estupendo haber compartido esto contigo.
A continuación Matt (tras compartir su profunda experiencia") le da un abrazo a un Justin que se muestra incómodo y confundido, exactamente como un animal asustado.


momento lúdico y jovial acompañado de birrillas.

servido por sinreceta 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

sin acritud

sin acritud dijo

¿No era Focusín lo que tomaba Bart?. Un descuido normal, con tanto dato como manejas. Tremendo tu blog, es genial

12 Mayo 2006 | 07:05 PM

sin

sin dijo

Pues es verdad, el focusín (sustancia ficticia que parodia los anfetamínimcos) es lo que le daban para aumentar la concentración, y al final cuando pasa lo que pasa, Marge sustituye el focusín por el Ritalín (anfetamínico que sí existe) y es cuando acaba el episodio con ese inolvidable guiño a lo Popeye con Ritalín en vez de espinacas. Ayy, qué grandísimo y conspiranoico episodio. K. Dick estaría orgulloso.

13 Mayo 2006 | 01:45 PM

sin acritud

sin acritud dijo

touché. Aacabo de ver el capítulo. Es ritalín al final ;)

13 Mayo 2006 | 04:27 PM

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