Les pillé!!! Si pensaban que iban a encontrarse con un post sobre psicotrónicos enmascarados, zombis de la Troma, o galanes de Boolywood, van listos. De hecho, advertidos quedan de que este "Cine Seminal" podría retitularse "Semen, una historia de...Cine". Así que vayan preparando el baño, por si al acabar de leer quieren desquitarse de la pegajosidad o, para hacer lo que les venga en gana. Aquí no hablaré de Cine Porno (para eso lean "La guia X" de Manuel Valencia) sino Cine Mainstream, de esos momentos en donde el Cine decidió romper el último tabú, mostrando de manera explicita el líquido ese que le sale a uno del forro. La cosa esta de mostrar el esperma tal cual, debió empezar cuando los Hermanos Farrelly en su Algo pasa con Mary colgaron de la oreja del bueno de Ben "mirada acero azul" Stiller el resultado de su apurada maniobra, pendiente que -como saben- luego se tornó en gomina capilar para el cabello de la Diaz edificándole un coqueto y simpático tupé. A muchos les cogió por sorpresa esta "relajada soltura" con que se trataba el licuoso tabú, y es que hasta entonces "el tema" en pantalla solamente podía imaginarse o intuirse dentro de un pastel de manzana (American Pie). Y menos mal que vinieron los Farrelly, porque su Mary al menos nos sirvió como fase de
preparación para lo que ese año iba a venir con Happiness de mano del gafapasta Solondz. El americano nos traía, como La Lechera, 2 raciones. Primeramente de mano del oscarizado Seymour Hoffman en su papel de...nerd-pajillero, pegando postales con el excedente (si es que todo se aprovecha); y luego el chavalín tocahuevos (nunca mejor dicho) alcanzando la madurez y de paso alimentando a su perro pastor (repito, todo se aprovecha). Así terminaba Happiness, con el clímax de la iniciática "gallarda lefosa" de su chaval protagonista, con el orgullo idiotizado de pertenecer a la ansiada estirpe de los individuos sexuales y procreadores. Probablemente para acabar en un futuro como el personaje que interpretaba Seymour Hoffman (nada más lejos de la procreación) y por ende, de los protagonistas de los comics de Daniel Clowes: individuos -vean el cartel- supurantes, espinillosos, y perlados de ese sudor que parece reflejar la simple vergüenza de existir.

Un final el de Happiness que viene a ser la proclama de que la energía que mueve a su caterva de freaks es la misma que determina una rápida manola; digamos que la versión purulenta de la psicología sexual de Freud. Una declaración la del epílogo de Happiness que por otro lado Takeshi Miike nos mostraba en su obertura de Ichi the Killer. Aquí tambien se muestra el esperma ("Pis blanco", que gusta de decir un simpático conocido) cómo metafora de la energía que impulsa nuestros actos, con esos títulos de crédito elevándose del charco seminal, similar -o parecido- al que debió dejar Onán (bíblico pajillero) cuando cometió su pecado. Para muchos el japonés fue demasiado lejos. Me parece sin embargo más inoportuno el tratamiento soez de IsiDisi, porqué...no creo que a nadie le hiciera gracia ver a un heavy gordo y sudoroso poniendo perdida en "un nunca acabar" a una pobre chica que sin quererlo ni beberlo (sobre todo sin querer beberlo) se encuentra de lleno con el percal. Nada que ver con los títulos de crédito de Ichi the killer que aunque aun siendo más explícitos tiene "su aquel".

"La oleada más reciente de suicidios adolescentes fueron en su mayoría chavales que intentaban asfixiarse mientras se la cascaban. Sus padres los encontran con una toalla enrollada en torno al cuello, la toalla atada a la barra de la habitación y el chaval muerto. Y esperma muerto por todas partes. Por supuesto, los padres arreglaban la escena. Le ponían pantalones al chaval. Hacían que todo tuviera...mejor aspecto. O por lo menos deliberado. Un triste suicidio adolescente normal y corriente." (Fantasmas, Chuck Palahniuk) Esta misma técnica de "relajación corporal", aunque sin desgracia final (al menos para el susodicho practicante) la podemos ver en Ken Park, en donde Larry Clark no se corta un pelo a la hora de mostrar lo explícito, permitiendo que uno de sus protagonistas protagonice una real y orgásmica escena en la que -como es de prever- al final todo fluye. En fin, que tras esta escena el espectador sensible ya estaba más que curtido. O quizás no, por lo menos para El sabor de la sandía, film que al final y rompiendo la fidelidad a su propio título, en vez de a sandía el sabor que te deja es a...pues supongo que a lo mismo que sabe el American pie relleno.