La Coctelera

SINRECETA

16 Mayo 2006

Slacker, desempleados callejeros y conspiraciones a-go-go.

slacker (slak'er), n. One that shirks work or responsibility, especially one that tries to evade military service during wartime.


En su Windows on the World el escritor franchute Fréderic Beigbeder confesaba que los artistas que más le interesaban eran americanos. La principal razón que daba, además de una interminable lista de escritores y directores, era el hecho de que nos llevaban años de ventaja en lo que se refiere a sufrir el apocalipse corporativista, ese lugar y estado de ánimo hacia el que nosotros nos abocabamos. Una sociedad de etnias descontextualizadas, comida basura, trash televisivo...en definitiva, esa Sociedad Borderline de la que nos es imposible desviar la mirada, quizás porque sentimos su proximidad. De hecho, podría afirmarse que lo borderline es al futuro lo que el gore a la muerte; una manera enfrentarse a la oscuridad que nos espera. Slacker, de Richard Linklater es una de esas películas que hacen verídica la afirmación del escritor francés. Tras 15 años desde su estreno, el film sigue transmitiendo la misma lucidez atemporal. Resulta que la elección de Dostoiewski al cual se apela en el film no es una elección para nada hecha al azar. Un escritor el ruso cuya obra tampoco envejece, quizás porque más que preocuparse de su sociedad se preocupó de indagar en el alma del individuo haciendo de paso y sin quererlo un fiel reflejo de la sociedad.
Nerds amantes de las Conspiraciones, porreros que divagan sobre Scooby Doo y hacen lecturas metafísicas de Los Pitufos, borrachos callejeros a la caza de un incauto al que contarle sus teorias ufológicas sobre las abducciones, neohippies maltratadas...todo esto y más es parte de la fauna suburbial que compone Slacker. Una película que recuerda en su estructura narrativa a aquel simpsoniano episodio de las 20 historias encadenadas de Springfield. Aquí tambien la cámara va siguiendo a los distintos personajes, cual si viéramos la película a través de los ojos de un curioso colibrí.


El film empieza con la mirada melancólica de un joven que mira tras el cristal de un autobús de linea. Al llegar a la estación se apea y coge luego un taxi. Si en un principio resultaba un individuo de lo más taciturno, luego resulta que el chaval contenía labia como para parar un tren (que no un taxi). De ese modo, nuesto joven le suelta un surrealista monólogo al taxista sobre mundos paralelos, realismo onírico, El mago de Oz; y a todo esto el taxista sin inmutarse, sin variar su flemático semblante de taxista-gordo-onanista. A lo largo del metraje se repetirán escenas de las mismas características, componiendo una radiografía de América que podría compararse a un híbrido de los "itinerarios hacia el vacio" de Jim Jarmush mezclado con el humor suburbial de Clerks. Tipos enclaustrados en sus "hogares con descuidado jardin", comiéndose la olla para a la menor oportunidad dejar que esta explote y salpique al vecino; individuos que están esperando a la víctima perfecta para soltar su discurso y dar la tabarra; más o menos como estoy haciendo yo ahora con ustedes.


El hombre de la izquierda, cubata en mano, "tio varas" de profesión. Aléjense de él si no quieren sufrir la chapa del siglo. Cada ciudad tiene al suyo.

Cuando Nirvana aun no había sacado su Nevermind ni se hablaba de la Generación X (Coupland escribiría su emblemática novela ese mismo año), Linklater había logrado aunar en su Opera Prima los comportamientos de toda una generación, que no es otra que la de los llamados Slackers. Que qué es un slacker. Aunque el vocablo viene de los años 40 cuando se denominaba de ese modo a los que evitaban ir a la Guerra, fue con el film que el término adquirió un nuevo significado. Es, más o menos, lo que sería cualquier joven que hubiese vivido toda su vida en una ciudad como Austin: un vagonetas que antes que trabajar en una tienda de una gran Corporación, prefiere dejarse el pelo largo viendo televisión y videos insólitos, mangar los víveres en el hipermercado, leer libros conspiranoicos para luego contárselas a sus semejantes al calor de una cerveza y una brasa de porro de Marihuana; y tener, a ser posible, relaciones sexuales de una sola noche. Más o menos lo que Matt Groening debió pensar para el personaje de Otto, fiel ejemplo de Slacker; aunque también el freak de la tienda de Comics tendría su buen papel en esta película, y hasta Cletus "el paleto". Sí, Springfield y Austin no son muy diferentes, ni tampoco estas 2 ciudades lo son de lo que es el verdadero alma de América. Resulta que a día de hoy, hasta existen páginas web, ensayos, y enciclopedias sobre cómo ser un Slacker; y es que en Iuesei todo es posible.

Tags: linklater

servido por sinreceta 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Horrorscope

Horrorscope dijo

Tiene muy buena pinta... sobre todo para un slacker, me la apunto.
Por cierto me han encantado el detalle del "brasas", a día de hoy aún uno tiene que enetenderles.

16 Mayo 2006 | 11:21 PM

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