Si clásicos como el On the road o The Subterraneans suponen una gran oportunidad para ahondar en la Beat Generation, qué mejor que la intimidad de las cartas que sus integrantes se mandaban entre ellos. The Yague letters (traducida aquí como Las Cartas de la Ayahuasca) es una recopilación de la correspondencia que Willian Burroughs y Allen Ginsberg mantuvieron durante sus respectivas incursiones sudamericanas en busca de la experiencia con el particular enteógeno. Como cada cierto tiempo, es la editorial Anagrama la que se encarga de abastecer la Beat-demanda, y esta vez, lo ha hecho por partida triple: además de la susodicha, el señor Herralde se ha sacado de la manga el emblemático Aullido de Ginsberg y El primer tercio de Neal Cassady (musa de Kerouac en On the road y conductor del famoso bus de los Merry Pranksters). En las cartas del Yagé podemos constatar tanto el miedo al descontrol mental por parte de Ginsberg (mitigado por las sabias palabras de Hasan-I Sabbah) como el caracter experimental y destroyer de Burroughs (máximo exponente de la técnica del cut-up literario), así como la particularidad de sus vicios como decadente marica a la búsqueda de carne joven ("No conseguí acostarme con un solo chaval en Ecuador y no se puede comprar ningún tipo de droga"), sufriendo los hurtos por parte de aquellos a quienes se quiere beneficiar ("Mi problema es que comparto con el malogrado padre Flanagan -el de la ciudad de los muchacho- la profunda convicción de que no existen chicos malos"). Por otro lado, en esta epistolar obra se incluye un texto censurado en la primera edición "Roosevelt tras la toma de posesión", parábola antipolítica con simio enculador de políticos en el que ya se intuye el apocalíptico mundo del Dr Benway de la posterior Naked Lunch. No esperen ver en estas cartas una amable Sudamerica a lo Manu Chau. De hecho este sórdido territorio podría ser -como ya dije- la antesala de El almuerzo desnudo, con su corrupción policial, borrachos gorrones, putas desdentadas, o chaperos de manos largas, y en donde por lo que parece, la trata de blancas (morenas indígenas en este caso) no es leyenda; digamos que parecido al proxenetismo de La selva esmeralda de John Boorman. También hay que decir que el cabrón de Bill, como es de suponer, aparece como otro freakazo más sin desentonar lo más mínimo en esta atmósfera malsana, quien además de yonkie con debilidad por la carne joven y masculina, aparece como escabroso Robert Ripley a la búsqueda de la más curiosa flora y fauna: además del colocón de ayahuasca, tenemos al insecto del Putumayo del que dicen que tiene un efecto afrodisiaco tan fuerte que como se te pose encima y no consigas inmediatamente una mujer te mueres, o una hoja de parra que la másticas e inmediatamente se te caen los dientes, "Justo lo que viene bien -como Bill dice- para gastarle una broma a los amigos".
Allen and Bill.
Bill and Allen.

Vaya, que interesante. A mí no me gustó mucho El almuerzo desnudo, pero la vida del Burroughs es de los más jugoso que hay. A ver si aparece por la biblioteca pronto...
Saludos.
Gracias por ponerme al día, cuando saque pasta bajo a pillarme esas jugosas cartas. Qué enriquecedor resulta siempre pasarse por su blog.
Saludos.