Uno de los géneros fílmicos más sugerentes que nos han dado los años 60' es el de las llamadas lsd-movies (también llamadas hippie-explotations), de todas aquellas películas que aprovechando la tendencia multicolor de la Generación de Monterey y Woodstock, de las revueltas juveniles de Bekerley y el distrito de Haight Hasbury, invadieron la pantalla para mostrarnos con amebas y juegos de luces líquidas la nueva era hacia la que se encaminaba nuestra desinhibida juventud, y que poco iba a durar. El día que hablé del Cine opiáceo prometí hablar de este género. Pues bien, ese momento ha llegado y lo hace cargadito de trailers. Aunque el primer viaje en Pantalla grande bajo los efectos de la sustancia (atención, por vía intravenosa!!!) llegó con Vincent Price en The Tingler , la más mítica de las películas con lsd (también de las menos alarmistas) es The trip de Roger Corman. En esta iniciática cinta podíamos ver a Peter Fonda asistido en su trip por Bruce Dern y posteriormente, su descenso al cielo/infierno de la dietilámida del ácido lisérgico. En el film también aparecía Dennis Hopper, célebre krápula que también metió la cabeza en Head, un "Hard's day night" con el fake-grupo The Moonkees, de cuyo triptamínico y delirante guión se encargó el no menos lisérgico Jack Nicholson. Al amigo Jack lo podíamos ver en muchas otras creaciones de la mítica productora AIP (si es que todo queda en familia), así como en el himno motero y generacional de Easy Rider(1969) o el Psych-Out(1968). Es este último uno de los peores "viajes" del cine, al menos para la sufrida protagonista quien en la búsqueda de su hermano (Bruce Dern otra vez), se acoplaba a una comuna musical de Haight Hasbury que lideraba el personaje de Wolfman (aka Jack Nicholson). De esta película tenemos la emblemática Incense and peppermint canción "era-acuario" del grupo Strawberry Alarm Clock que oímos de fondo cada vez que en pantalla alguien se pega el gran colocón (este es un magnífico ejemplo). Otra de los más renombrados viajes iniciáticos es Skidoo . Además de la alegre soltura con la que se trata la drongaína (casi como lo hace Manolo Escobar en esta escena de En un lugar de la manga) existe toda una serie de circustancias que la hacen de lo más apetecible: la lúdica música de Harry Nilson, la publicidad de Timothy Leary en su curioso trailer y sobre todo, ver a Groucho Marx dándose a la mandangeo...todo en un film donde aparecen figuras de renombre como Cesar Romero, Mickey Rooney, John Phillip Law, Frankie Avalon...y cuyo responsable, es nada más y nada menos que el legendario Otto Preminger, director que con esta cinta Flower-power supo adaptarse al revolucionado 68.

Otra que tal baila es Riot on sunset strip (1968) del que aquí podemos ver la intro con la ya mítica canción homónima de The Standells. Hallucination Generation (1966) es como The love-ins (1967), una de las típicas películas con comuna liderada por un gurú a lo Timothy Leary. Como el More (1969) de Barbet Schroeder fue rodada en Ibiza, completamente en blanco y negro, salvo las escenas más triposas que fueron rodadas en color. Mondo Hollywood era el típico documental mondo que trataba de reflejar la escena psicodélica de Los Angeles: icónicos actores, melenas, pintura corporal y psicodelia multicolor. Otra es Wild in the streets (retitulada aquí como El presidente) en la que un flipado se convierte en jefe de la nación, legaliza el lsd y, mete a todo el que supere la edad de 25 tacos en Campos de concentración. Paralelas a estas películas surgían las que nos trataban de prevenir de manera alto alarmista. De esa guisa surgió uno de los mayores géneros fílmicos en lo que a entretener al respetable se refiere: el de la propaganda anti-droga. En este sentido a uno le viene a la cabeza el mítico Reefer-madness que aunque es de los años 30 no puedo dejarla de lado. En ella se nos prevenía de los desastrosos efectos de darle unas caladas al porrete de marihuana los cuales incluían Paranoia, risas de hiena endiablada, saltos desde un noveno piso e incluso...asesinato!!! Tras el alcohol y la marihuana, le tocaba en los 60' el turno al lsd, y entonces, llegaron para prevenirnos disparates como la Alice in Acidland o el monumental despiporre de The weird world of lsd (1967). En su intro podemos vislumbrar los malignos efectos del ácido: ni más ni menos que una prolongación de la etílica pesadilla de Dumbo pero con gallina de Avecrem y unos espasmódicos aspavientos que ni el Ed Wood Jr de The night of the ghouls hubiese imaginado. Disfruten pues del viaje.