Arde Gaza, los niños belgas tienen -como quien dice- que ir con correa, concejales se construyen mansiones a costa del ciudadano de a pié y, Victoria Beckhan roza la anorexia...Como ven, hoy más que nunca la evidencia del Apocalipse adquiere carta de naturaleza, y por eso mismo, Sam Bicke/Sean Penn (personaje del film del poster a la izquierda) se erige en estandarte de estos tiempos convulsos. Personajes como el de V de Vendetta -de la que hablaba unos días atrás- parecen por momentos dar con su romanticismo libertario un halo de esperanza, no ocurre así con "El Asesino de Richard Nixon". Este film nos muestra otro resultado del rebelarse contra la opresión tiránica, pero lo que es aun peor, el film mismo se revela en trágico dejávù. V y El asesino de Nixon son las 2 caras de una misma moneda, Épica y Tragedia, 2 lúcidos reflejos del ahora. No obstante, el "asesinato de Richard Nixon" es la cara de la moneda trucada que siempre cae por la misma cara, la del eterno perdedor. Una historia la de Samuel Bicke (homenaje por otro lado al Travis Bickle de Taxi Driver) donde podemos ver la transformación del ciudadano medio a antihéroe pseudocolgado, y donde al igual que en V parece planear la sombra de Tyler Durden (El club de la lucha). Y sin embargo, aun moldeados por la misma sociedad, V y Bicke están hechos de diferente materia prima: V es la reacción del personaje lúcido e idealista, romántico, épico, que con todo y en el momento en que conoce el amor de manos de Evey/Natalie Portman, lleva a considerarse a sí mismo como monstruo; todo lo cual no va a impedir que dinamite los mismos cimientos de la sociedad para crear un nuevo status quo. Por otro lado, Bickle (un claro homenaje al Travis Bickle de Taxi Driver) es la reacción de un ser mundano, apocado, simplón y, netamente perdedor; que como el Michael Douglas de Un dia de furia estalla en un fanatismo magnicida, convencido de que su acto pasará a la historia como una heroicidad; puede ser, pero no por el acto en sí mismo sino por poner en evidencia con este film, 20 años después (la historia está basada en hechos reales), la podredumbre de la era Nixon, extrapolable como la dictadura futurista de Alan Moore a cualquier gobierno. Si en esta última la gran sentencia es "El Arte dice la verdad que los gobiernos intentan acallar" en la de Bicke es "la esclavitud no ha acabado en este País, solo ha cambiado de nombre: empleado", mientras que la de "Cada acción obtiene una reacción" nos sirve para las 2 películas.