Contagiado por la acelerada improvisación de los rapsodas beat, y supongo que por el cinema verité de la factoria de Warholl que entonces empezaba a despuntar, Conrad Rooks dirigió y protagonizó Chappaqua justo 40 años atrás, mostrando de manera onírico-autobiográfica, su pasado de toxicidad. Entre los atractivos que cuenta el film tenemos a Ginsberg, Willian Burroughs como enigmático pistolero al que acompaña el pequeñuelo Herve Villechaize, Ravi Shankar (entonces amo del shitar) y, por último, este delirante extracto en el que toca el grupo The Fugs, trio que en la estela del Captain Beefhearth suenan desgarrados cual sí a Tom Waits le acabase de morir su mascota.