Por segunda vez he visto Walking Life, esa maravilla rotoscópica y visionaria de Richard Linklater que todo el mundo debería ver una vez...al año. Como en Slacker también aquí asistimos a una sucesión interminable de gurús saturados de teorías paganas, de la teoría cuántica aplicada a la felicidad, los sueños lúcidos interrelacionados con el libre albedrío. Será ese el efecto de estos tiempos de blogs, pdfs y wikipedias, del torbellino de Información al que te enfrentas cada vez que te conectas a la Red. Y así, la liberación de datos precederá a un crecimiento irrevocable de nuevas teorías, conspiraciones, sectas, y en consecuencia, el mundo se parecerá al Austin de las pelis de Linklater, o sea, una aldea de filósofos de centro comercial, chamanes de parque, lunáticos de barra de bar, predicadores las 24 horas...por lo que todo será cojonudo: el mundo se dividirá en 2 clases, los que no paren de largar cual poetas iluminados, y los que asistirán mudos y anonadados frente a la otra parte. Un ejemplo: