La Coctelera

SINRECETA

6 Agosto 2007

descalcing board

Hoy he aprendido que uno puede volver a recuperar viejas aficiones que había encerrado bajo llave. Me pasó con ese deporte de
calle que se presta tan bien para pasarse una tarde en el parque
fumando canutos...Porque yo, como la mayoría de ustedes, también tuve un monopatín. Puede que el de ustedes fuera uno de aquellos de juguetería, en el que casi no te cabían los pies y cuyo plástico naranja se combaba al subirse en él...pero no así el mio. Mi monopatín -a diferencia del de ustedes o el del putoamo setentero de la foto- era de los que a finales de los 80' usaban los skaters profesionales, de ruedas profesionales, ejes profesionales, y todo todo muy profesional..., aunque fuera de segunda mano o más manos, pues alguien que se había hecho con una tabla mejor me lo regaló.
Era mi tabla de skate una Santa Cruz, modelo Corey O'Brien que entonces era un patinador profesional del que yo no tenía ni pajolera idea (me bastaba con saber de Tony Hawk que rotaba en sus saltos más grados que ninguno)...Lo cierto es que vista a día de hoy se la ve una mierda vintage.
Uno pues solo podía hacer 2 cosas con la adquisición: o aparcarla contra la pared dándole a tu habitación un toque a lo Larry Clark o, también, podías ir al parque y apalancarte junto al conjunto de renombrados patinadores de la plaza. Por supuesto -y ya que eran tiempos en que uno era más emprendedor- yo hice lo segundo. Y por supuesto, como novato que no sabía ni hacer un Ollie (aquello de levantar la tabla en el aire con un mágico golpe de pie), jamás fui aceptado por la pequeña horda de "lendas da rúa"; a pesar de, como digo, mi Santa Cruz-CoreyO'Brien. Uno en cambio siempre tiene la suerte de encontrarse con neófitos de su misma calaña, en mi caso otros negados del monopatín, satélites que oscilaban alrededor de los "mejores" y a los que uno podía juntarse para así no alcanzar la categoría de "paria total del monopatín", cualidad ésta que sí adquiriría al poco. Y es que, unos días después que me encontraba aburrido en casa, con aquel recién adquirido medio de locomoción a mi vera y loco por hacer méritos en ese deporte de moda, decidí que debía dar un paso más allá, un buen empujón a mi aprendizaje...y vaya si lo dí. Decidí salir con mi tabla y sin el resto de pseudo-skaters para en las cercanías de mi calle, acelerar mi especialización, para lo cual opté por bajar la larga carretera cuesta abajo en las cercanías de la torre de Hércules. Si bajar por carreteras lo hacía el héroe prota de Thrashin (peli ochentera sobre skater-gangs que todo patinador debía conocer)...yo no iba a ser menos. Les diré que tras poner el monopatín en el suelo y dejarme deslizar pude sentir al momento que había hecho mal los cálculos (si es que había hecho alguno), pues pasados los 10 primeros metros aquello ya alcanzaba la velocidad que solo le hubiese deseado a mi peor enemigo. Unos pocos metros más se le sumó a la alta velocidad la naturaleza del sucio asfalto de un día de verano,y la tabla bajo mis pies empezó a emitir ese odioso ruido que solo puede emitir una máquina al límite de sus posibilidades, a temblequear como vilipendiándome por lo erróneo de mi decisión....la tragedia se sentía en el aire, de eso estaba seguro...¿bajar del patín a esa velocidad?....El temblor se aceleró aún más y entonces sí, sí lo ví claro: o me bajaba del patín o él me bajaría a mí, y de peores modos. Así que, como una vulgar maricuela me apeé. Una loca decisión, sin duda, pero probablemente la más acertada. Ocurrió que a esa velocidad y al poner las piernas sobre el suelo estas se me doblaron como goma, caí y una zapatilla salió disparada de mi pie mientras mi cuerpo rebotaba ya sin patín otros 10 metros más por el asfalto. Recuerdo aquella camiseta de marca skater que me había comprado para ser aun más skater, cómo quedó hecha una piltrafa, ideal para un concierto de punk...Mis brazos sufrieron dolorosas y alquitranadas rozaduras...y el monopatín... ¿el monopatín?.... al mirar hacía abajo comprobé como este llegaba elegantemente a su destino, en linea recta, como si se hubiese deshecho de mí para llegar a su meta, como si se tratase del Christine de Stephen King en versión tabla...Tras eso no volví a coger una tabla de skate, así como la cercanía de su mundillo de melenitas y pantacas dejando ver medio gayumbo (al igual que su equivalente acuático el surf, con el que tuve una experiencia parecida) me producía un inusitado malestar..., hasta hoy. Fue gracias al siguiente vídeo con hostiaje y zapatillas saltarinas, que, me retrotraje a aquel mi fatídico día...aunque de esta vez fuese haciendo eso que llaman sillónball (tocarse las pelotas en el sofá, y ante la pantalla): el mejor "deporte de riesgo" para volver a amar todos los demás deportes.

ANOTHER ANGULO

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

unabomber

unabomber dijo

Pues mi experiencia con el skate resulta bastante patética, ya que dejé clavado - lo de "Clavado" en literal- en el sintasol del pasillo de casa de mis padres, la mitad de uno de mis preciosos dientes. La experiencia fue traumática y envié a tomar por culo el monopatín. Nunca más he vuelto a subir a uno, les tengo miedo.

8 Agosto 2007 | 02:34 PM

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